En el vetusto convento de Calatrava estaban instalados en 1936 la casa de estudios mayores, el noviciado y la escuela apostólica de humanidades para los niños que daban sus primeros pasos en la vocación dominicana. Cien personas habitaban el lugar durante los meses del curso escolar, pero durante las vacaciones se redujo a la mitad el número de moradores de Calatrava hacia mediados de julio de 1936. Sólo éstos participaron en las vicisitudes dolorosas o trágicas que tuvieron comienzo a raíz del levantamiento. En el nerviosismo expectante de los primeros días, la cosa no pasó de visitas molestas e indagaciones suspicaces. Pero cuando los religiosos presenciaron el incendio de la cercana parroquia de la Madre de Dios, ya no les cupo duda de la tormenta que se cernía sobre ellos...
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