Voy a decirlo desde el principio: hacía mucho tiempo que no salía de una película de Marvel con tantas ganas de volver a entrar en la sala y verla otra vez. Y eso que llegué con bastantes dudas.
“Spider-Man: Brand New Day” no solo me parece la mejor película en solitario de Tom Holland como el personaje; también es, para mí, la versión de Spider-Man que más he disfrutado en pantalla desde la época de Tobey Maguire.
Y quizá lo mejor de todo sea que lo consigue haciendo algo que, sobre el papel, parece tremendamente sencillo: volver a contar una historia sobre Peter Parker.

Un Spider-Man lejos del multiverso
El punto de partida es tan cruel como necesario. Peter Parker vive en un mundo que ha olvidado quién es, y Destin Daniel Cretton entiende que ahí está la verdadera película. En lugar de utilizar esa situación como excusa para organizar otro desfile de cameos, referencias y conexiones con el resto del universo, el director convierte la soledad de Peter en el corazón emocional de la historia.
Este es un Spider-Man más adulto. Más cansado. Un héroe que carga con el peso de Nueva York porque ya no queda nadie a su lado con quien compartirlo. Y se agradece que la película deje de obsesionarse con el multiverso para recuperar algo mucho más interesante: preguntarse qué hace que Peter Parker siga levantándose después de cada golpe. Aquí no importa salvar otra galaxia ni preparar el siguiente gran evento del MCU. Importa Spider-Man. Y hacía tiempo que Marvel necesitaba recordarlo.
Tom Holland, por fin, demuestra hasta dónde puede llegar
Aquí es donde la película terminó de conquistarme. Tom Holland siempre ha tenido el carisma necesario para interpretar a Spider-Man. Su problema nunca estuvo ahí. El problema es que pocas veces había recibido un material dramático que le permitiera demostrar realmente de qué es capaz como actor. Esta vez sí lo tiene.
Hay escenas en las que Holland sostiene la película únicamente desde el drama, sin un chiste colocado estratégicamente para rebajar la tensión, sin una ocurrencia que interrumpa el momento emocional. Y funciona. De hecho, nunca lo habíamos visto tan bien como Peter Parker.
Hay algo mucho más maduro en su interpretación. Este Peter está herido, agotado y, en determinados momentos, resulta incluso doloroso verlo. Precisamente por eso es tan fácil volver a ponerse de su lado. Pero Holland no está solo. Jon Bernthal aparece como Punisher y prácticamente se adueña de cada escena en la que participa. El choque entre Frank Castle y Peter Parker funciona especialmente bien porque ambos entienden de forma radicalmente distinta qué significa proteger una ciudad. De esa fricción nacen algunos de los mejores momentos de la película, tanto en términos de tensión como de humor.
Y luego está Sadie Sink. Su llegada al universo Marvel es uno de esos castings cuya verdadera dimensión no terminas de comprender hasta que aparecen los créditos finales. No diré nada más. Y recomiendo descubrirlo de la misma manera.
Acción y espectáculo a la altura de Spider-Man
Destin Daniel Cretton también acierta en otra decisión fundamental: recurrir a elementos prácticos siempre que la película se lo permite. Y se nota.
Las escenas de acción vuelven a tener peso. Literalmente, pero también dramáticamente. Los golpes parecen doler, los cuerpos se cansan y existe una sensación real de peligro. No estamos ante esa especie de sopa digital sin textura en la que han terminado convirtiéndose demasiadas secuencias de acción de grandes producciones recientes.
Para mí, uno de los grandes aciertos de “Brand New Day” está en recuperar esa sensación de vértigo que debería acompañar siempre a Spider-Man cuando se balancea entre los edificios de Nueva York. La ciudad vuelve a sentirse enorme bajo sus pies, y las grandes secuencias de acción transmiten una escala y una fisicidad que se habían perdido en anteriores entregas.
Todo resulta más tangible, más espectacular y, sobre todo, menos artificial, sin esa sensación constante de estar viendo a los personajes moverse sobre un escenario construido por ordenador. La cámara entiende cómo debe moverse Spider-Man y, sobre todo, cómo debe sentirse Spider-Man. También ayuda que buena parte de la acción suceda a plena luz del día. Parece un detalle menor, pero después de tantos terceros actos oscuros, saturados de efectos y visualmente confusos, poder entender perfectamente qué está ocurriendo en pantalla resulta casi revolucionario.
Es, sin demasiadas dudas, una de las películas visualmente más atractivas que Marvel ha producido en los últimos años.
No todo funciona
La película no es perfecta, y sus problemas son bastante fáciles de identificar. El primero es el ritmo. Cretton apuesta por uno de los desarrollos más pausados que hemos visto dentro del MCU. Hay conversaciones largas, silencios, escenas que se permiten respirar y momentos en los que la película parece deliberadamente poco interesada en correr hacia la siguiente secuencia de acción. A mí me funciona. Pero también tengo claro que será una de las decisiones más divisivas de la película. Quien llegue esperando otra montaña rusa como “Spider-Man: No way home” probablemente se encuentre con algo bastante diferente.
Mi mayor problema aparece, sin embargo, durante el último tercio. Una nueva incorporación gana tanto protagonismo que durante algunos minutos da la sensación de que Peter Parker desaparece de su propia película. Y eso provoca además que determinados villanos terminen completamente desaprovechados.
Especialmente doloroso es el tratamiento de Lápida y Escorpión. Quienes esperasen que ambos tuvieran un peso considerable dentro de la historia probablemente saldrán decepcionados. Su presencia es demasiado limitada y deja la sensación de que había mucho más que explorar con ellos.
Es quizá el momento en el que “Brand New Day” vuelve a caer en uno de los viejos vicios de Marvel: querer introducir demasiadas piezas cuando la historia principal ya funcionaba perfectamente por sí sola.
¿Merece la pena Spider-Man: Un Nuevo Día?
Sí. Muchísimo. Porque *Spider-Man: Brand New Day" consigue algo que Marvel parecía haber olvidado durante demasiado tiempo: contar una historia sobre personas antes que sobre franquicias. No sobre el próximo crossover. No sobre qué personaje aparecerá en la siguiente película. No sobre qué puerta queda abierta para dentro de tres años. Sobre Peter Parker. Este Spider-Man es más adulto, está más solo y, precisamente por eso, resulta más humano que nunca.
Y quizá esa sea la gran victoria de la película. Después de universos alternativos, variantes, cameos y amenazas cada vez más gigantescas, Marvel parece haber entendido que Spider-Man nunca necesitó que su mundo fuese más grande.
Necesitaba que Peter Parker volviera a importarnos. Salí del cine convencido de que esta nueva etapa puede ser una de las mejores cosas que le hayan ocurrido al personaje en mucho tiempo. Y mantengo lo que dije al principio: hacía años que no disfrutaba tanto viendo a Spider-Man en pantalla, probablemente desde los tiempos de Tobey Maguire.
Si este es realmente un nuevo comienzo, Peter Parker tiene cuerda para rato.



